Isla de Hong Kong, torres contra montañas verdes
La isla de Hong Kong comprime un centro financiero global en una franja de terreno ganado al mar entre el puerto y una pared de colinas cubiertas de selva, y en esa compresión está su gracia. El **Peak Tram** sube por una pendiente que inclina los rascacielos en la ventanilla; desde la terraza de arriba, las torres de Central se apilan abajo con Kowloon y las montañas de los Nuevos Territorios al fondo. Baja y cruza el agua en el **Star Ferry**, la mejor vista barata de Asia, o súbete a un *ding ding*, el tranvía de dos pisos que recorre la costa norte desde 1904. Los barrios cambian cada pocos centenares de metros. **Sheung Wan** huele a vieira seca y abulón en Des Voeux Road West, y guarda el ahumado **templo de Man Mo** y las tiendas de antigüedades de Hollywood Road. Por encima, las escaleras mecánicas de Mid-Levels atraviesan *SoHo* —una cuesta de restaurantes pequeños, bares de vinos y la noche de Lan Kwai Fong—, mientras que **Tai Kwun**, la antigua comisaría central y prisión Victoria rehabilitada, es hoy el mejor complejo cultural de la isla. Wan Chai y Causeway Bay añaden mercados, sastres y grandes almacenes; en Quarry Bay se esconde el bloque de viviendas que llaman Monster Building. Desayuna dim sum: har gow, siu mai, char siu bao y una tartaleta de crema de una panadería. Y luego escápate: la cresta del **Dragon's Back** pasa sobre Shek O con el mar de China Meridional a ambos lados, Stanley tiene mercado y paseo marítimo, y Aberdeen conserva sus barcas de pesca. La isla es la primera parada ideal antes del resto del territorio.