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Torre Taipéi 101 destacando sobre el perfil urbano de Taipéi al atardecer.
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Garganta de Taroko, mármol tallado por un río

El **río Liwu** lleva millones de años excavando una montaña de mármol, y el resultado es un cañón tan estrecho en algunos tramos que la carretera tiene que atravesar la roca por túneles. Taroko es el paisaje más espectacular de Taiwán: paredes grises y blancas veteadas de piedra plegada, un río de color jade allá abajo y vencejos girando entre los muros. El tramo de la **Gruta de las Golondrinas** es el clásico paseo de diez minutos, con las oquedades que el agua y el viento han perforado en la pared; el **Túnel de las Nueve Curvas** zigzaguea por la parte más honda y angosta de la garganta. Lo demás queda a un paso de la carretera. El **Santuario de la Primavera Eterna** se asoma sobre una cascada que cae directa al río y recuerda a los obreros muertos construyendo la carretera Central. El *sendero de Shakadang* sigue un afluente azul y poco profundo entre bloques del tamaño de una casa, apto para cualquiera. El de Baiyang termina en una cortina de agua dentro de un túnel, y la vertiginosa **Zhuilu Old Road** —una repisa de un metro de ancho a 500 metros sobre el valle— es la ruta que buscan los senderistas con experiencia, con permiso previo. Se llega desde **Hualien**, una hora por la carretera costera que pasa bajo los **acantilados de Qingshui**, donde la montaña cae casi a plomo sobre el Pacífico. La garganta es además territorio truku, y las aldeas y puestos de la zona de Tianxiang le dan una vida que no es de escaparate. Tifones y terremotos cierran con frecuencia senderos y tramos concretos, así que conviene consultar el estado del parque antes de ir y reservar días para el resto de la costa este de Taiwán.

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