Tainan, donde empezó la historia de Taiwán
Tainan fue la capital de la isla durante dos siglos y todavía se comporta como tal: calles bajas, sombra de banianos y más templos por kilómetro cuadrado que ningún otro lugar de Taiwán. Los holandeses levantaron el **fuerte Zeelandia** en Anping en la década de 1620 y el **fuerte Provintia** —hoy la torre Chihkan— pocos años después, y ambos siguen en pie entre casas de fideos. A un paseo corto, la **casa del árbol de Anping** es el emblema real de la ciudad: un almacén de sal abandonado cuyas paredes y techo han sido devorados por las raíces de un baniano, con una pasarela que lo atraviesa por dentro. Aquí el culto y la vida diaria se solapan. El **templo de Confucio**, fundado en 1665 y el primero de Taiwán, conserva sus muros rojos y sus cipreses; el Gran Templo de Matsu y el del Dios de la Guerra reciben un goteo constante de incienso y bloques adivinatorios. Y luego está *la calle Shennong*, una callejuela de casas Qing restauradas llena de bares diminutos, talleres de cerámica y faroles al anochecer. Casi todo el mundo viene por la comida, y hace bien. Tainan inventó los **fideos danzai** —un cuenco pequeño con carne picada de cerdo y una gamba— y desayuna sopa de milkfish, sopa de ternera tan fresca que se cuece en el caldo, rollitos de gamba y el coffin bread, una rebanada frita y ahuecada rellena de crema. La calle Guohua y el entorno del mercado Yongle son la versión concentrada. Al oeste, las **salinas de Qigu** se tiñen de rosa al atardecer y las lagunas se llenan de espátulas de cara negra en invierno. Tainan es la parada más profunda y más sabrosa de cualquier ruta por Taiwán.