Luoyang, tallada en piedra y peonías
Luoyang fue capital de trece dinastías y la ciudad sigue midiéndose con ese recuerdo. La prueba está tallada en un desfiladero de piedra caliza al sur: las grutas de Longmen, donde se excavaron más de 2.300 nichos en los acantilados sobre el río Yi entre los Wei del Norte y los Tang. El santuario de Fengxiansi guarda el Buda Vairocana sentado, de diecisiete metros, con un rostro que la tradición atribuye a la emperatriz Wu Zetian; conviene cruzar el río al atardecer para ver todo el muro de budas iluminado desde la otra orilla.
Al este, el Templo del Caballo Blanco se presenta como el primer monasterio budista fundado en suelo chino, en el año 68, y hoy incluye pabellones indio, birmano y tailandés levantados por esos países. El templo de Guanlin custodia la cabeza del general Guan Yu entre cipreses y leones de piedra, y el Museo de Tumbas Antiguas reconstruye decenas de cámaras funerarias que se recorren a pie.
A mediados de abril la ciudad se tiñe de rosa y granate con la fiesta de la peonía, flor que Luoyang cultiva desde los Tang: el parque Wangcheng y el Jardín Nacional de la Peonía son los mejores sitios para verla. Cerca, los pabellones reconstruidos de Mingtang y Tiantang señalan la ciudad palaciega de los Sui y los Tang. Prueba el banquete de agua, veinticuatro platos caldosos servidos sin tregua. Luoyang está en la línea rápida entre Xi'an y Zhengzhou, fácil de añadir a una ruta por el río Amarillo en el centro de China.
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