Dali, entre el lago y Cangshan
Dali ocupa una franja estrecha entre los diecinueve picos de Cangshan y el largo y azul lago Erhai, cuyo nombre significa mar con forma de oreja. Aquí estuvo la capital del reino de Nanzhao y después la del reino de Dali, dos estados que resistieron a la China Tang y Song durante cinco siglos, y de aquella época sobreviven las Tres Pagodas del templo Chongsheng: la central, Qianxun, es una torre de 69 metros del siglo IX que ha sobrevivido a terremotos que arrasaron todo lo demás y se refleja entera en el estanque.
El casco antiguo es una cuadrícula baja de puertas y casas con fachadas de mármol, pero el placer verdadero está en la orilla del lago. Alquila una bici eléctrica y sigue el circuito asfaltado hasta Xizhou, donde los patios de los comerciantes bai enmarcan celosías talladas y los hornos callejeros sacan xizhou baba, una torta hojaldrada rellena de mermelada de rosa o de cerdo y cebolleta. Continúa hasta Zhoucheng, la aldea del tie-dye, con sus tinas de índigo y sus telas cosidas a mano secándose en los patios, y hasta Shuanglang, en la orilla oriental.
La cocina es bai: sopa agria y picante de pescado del Erhai, queso de cabra rushan asado en láminas de abanico y el té ceremonial de tres tiempos, amargo, dulce y de regusto. Sobre el pueblo, un telesilla y los senderos colgados de Cangshan suben hasta el templo Zhonghe y las Pozas de las Siete Doncellas. En abril se celebra la feria Sanyue Jie, al pie de la montaña desde la dinastía Tang. Dali marca el ritmo de cualquier ruta por China.
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