Kunming, primavera todo el año
La capital de Yunnan se asienta en una meseta a unos 1.890 metros, la altura justa para que los veranos sean suaves y los inviernos apenas muerdan: de ahí su apodo, la Ciudad de la Primavera. La prueba está en los parques. Cada invierno, miles de gaviotas reidoras bajan desde Siberia y se instalan en el Lago Verde, en pleno centro, donde los jubilados las alimentan, juegan al mahjong bajo los sauces y bailan en orquestas improvisadas. Cerca, el templo Yuantong desciende en lugar de subir, con un pabellón octogonal en medio de un estanque de carpas, y el Templo de Oro de bronce, en la colina de Mingfeng, se fundió en 1671 por orden del general Wu Sangui.
A hora y media al sureste está el motivo principal del viaje: el Bosque de Piedra de Shilin, trescientos kilómetros cuadrados de pilares de caliza gris, algunos de treinta metros, erosionados a partir de un antiguo fondo marino y recorridos por senderos, lagunas y leyendas sani. Más cerca, las Colinas del Oeste se elevan sobre el lago Dianchi y unos túneles excavados por monjes taoístas conducen a la Puerta del Dragón, colgada sobre el agua.
Se come muy bien. El plato insignia son los fideos cruzando el puente: un caldo de pollo hirviendo sellado con una película de aceite en el que se sumergen jamón crudo, huevo de codorniz, pétalos de crisantemo y fideos de arroz. Añade setas silvestres de las lluvias de verano, pasteles de rosa, té Pu'er y café de Yunnan. Puerta de entrada a Dali, Lijiang y Xishuangbanna, aquí empieza casi todo viaje por el suroeste de China.
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