Shangri-La, donde Yunnan se vuelve Tíbet
Shangri-La —simplemente Zhongdian hasta que el condado tomó prestado el nombre de Hilton en 2001— está a unos 3.200 metros, en el borde sureste de la meseta tibetana, donde Yunnan deja de ser subtropical y empieza a ser Kham. El aire es fino y de una transparencia desconcertante, la luz dura, y el ritmo del pueblo lo marca el monasterio de Songzanlin, un complejo gelugpa de casas de monjes encaladas que trepan hasta los tejados dorados sobre un lago de cañas; lo llaman el pequeño Potala.
El casco antiguo de Dukezong ardió en 2014 y se ha reconstruido en madera; sobre él, en la colina de Guishan, gira la que se presenta como la mayor rueda de oración del mundo, que necesita varias personas para moverse. Al atardecer verás a los vecinos bailar en corro el guozhuang en la plaza. Al norte, el lago Napa crece y mengua con las estaciones sobre una pradera pastada por yaks y caballos donde invernan las grullas cuellinegras. El parque nacional de Pudacuo protege el bosque de abetos y los lagos Shudu y Bita, por encima de los 3.500 metros.
La cocina se vuelve tibetana: té de mantequilla de yak, tsampa de cebada tostada, setas matsutake a finales de verano y olla caliente con licor de cebada. El primer día conviene tomarse en serio la altitud. Shangri-La cierra la carretera del norte de Yunnan desde Lijiang y la Garganta del Salto del Tigre, y abre la puerta a Deqin y al macizo de Meili, en el suroeste de China.
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